¿Un Berlusconi español?

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sábado, marzo 09, 2013
Años noventa, España post-olímpica. Los destellos producidos por la exposición universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona dan paso a una crisis que hasta hace poco fue incluso más dura que la actual. El paro superaba ampliamente el umbral del 20% en un momento en el que la España franquista todavía estaba fresca y el ingreso en la Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea) se había producido unos pocos años antes. Eramos --ahora sí-- un país con un Estado del Bienestar más joven, menos musculado, sin un periodo de bonanza detrás.



Mario Conde era el hombre de moda. Joven, meteórico y rico, en cierto sentido representaba un salto hacia adelante en una España que todavía pensaba en blanco y negro. El representante de una nueva generación por fin alineada con el resto del mundo: modernidad, éxito y trajes caros. Aires de Wall Street.

La rumorología --España es un país de rumores-- hablaba de un gobierno de unidad nacional liderado por el joven Conde. El PSOE perdía fuelle y Aznar todavía iba a tardar varios años en llegar a la presidencia del Gobierno. Esta es la fotografía. Y aunque el rumor nunca se cumpliera, Banesto acabara intervenido y el banquero más famoso encarcelado, a muchos les hubiese gustado ver a Conde como presidente. Manuel Fraga entre ellos.

España 2013. La Gran Recesión es ya mucho más dura que la de los años noventa, el paro se acerca al 30% y muchos economistas apuntan hacia la posibilidad de que la crisis termine entrada la próxima década. Mario Conde se ha reencarnado en escritor, agitador de masas y tertuliano de Intereconomía, pero las voces que reclaman un presidente de concentración vuelven a sonar, veinte años después. Se cumple aquello del "eterno retorno".



Las quinielas de quién podría ser el Mario Monti español hace tiempo que se vienen dando en los medios de comunicación: Gallardón, Manuel Pizarro, Almunia, Solana... Pero el verdadero riesgo, en opinión del que escribe, es que España caiga en la tentación del populismo. Un salvapatrias avalado por las urnas. Un Berlusconi español. De momento, la suma entre PP y PSOE va a la baja.

EXTRAS

I. Turbadoras declaraciones del portavoz del PP en el Congreso, Carlos Floriano, asegurando que "la libertad de información tiene un límite". Los límites están recogidos en la Constitución y están a la vista de todo el mundo. ¿Qué necesidad hay de realizar estas declaraciones? Cuidado.

II. La mujer de Bárcenas ganó, sin trabajar, 11 millones de euros. Parece ser que ambos son ases de las finanzas... Muy escondido lo tenían. 

III. Lectura recomendada sobre Berlusconi: 'La atroz agonía del caimán'.

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(15-M) La historia de un gatillazo revolucionario

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martes, marzo 05, 2013
Aquellos días se movían entre una agitación nerviosa y eléctrica, con las redes sociales echando humo, y algo de esperanza. Un antes y un después, aunque en el presente no ha cambiado prácticamente nada. Un espejismo que ha dejado huella en la memoria colectiva, poco más.

Calles y plazas en el centro del mundo, con internet como catalizador de las pulsiones revolucionarias. Y un lema cautivador: "¡No nos representan!". Por unos largos instantes --unos pocos días no son nada en el calendario mediático -- muchos pensamos que algo se podía mover, cambiar... ¿Mejorar?

Dos errores, dos, pero mayúsculos:

I. Inconcreción: Pasó el tiempo, y el movimiento, que al principio aglutinó a un amplísimo espectro social dando cabida a todos, se fue desdibujando hasta convertirse en una caricatura de si mismo (muchos de los que al principio salieron a la calle no la volvieron a pisar). Las plazas ocupadas, las manos alzadas y el "¡No nos representan!" acabó por ser un enorme gatillazo revolucionario.




Hay, en todo esto, un punto de inmadurez intelectual. En cierto modo se impuso el estilo a las ideas. ¿Por qué se insistió en no otorgar al movimiento de uno o varios líderes? ¿De un rostro reconocible? ¿Por qué no se hizo con éxito un programa conjunto? ¿Por qué el 15-M no se convirtió en una opción política? Repetimos, el estilo se impuso a las ideas. El argumento era más o menos el siguiente: "Aquí todos somos iguales, luego nadie destaca por encima del resto. Así, somos consecuentes con lo que pensamos". El argumento se convirtió en dogma, y finalmente pretender que el 15-M fuese algo más que un movimiento asambleario no estaba bien visto. Era, digámoslo así, motivo de miradas poco amables.

La realidad es que el 15-M ha fracasado. Es una realidad objetiva, ya que ahí siguen los mismos políticos, los mismos partidos, y los mismos procedimientos democráticos. Hay un enorme descontento, sí, pero no hacía falta el 15-M para que la gente esté cabreada. El 15-M fracasó porque no supo ir más allá de las plazas ocupadas, de las manos levantadas, y del "¡No nos representan!". 

El final alternativo al 15-M, lo que pudo ser, lo tenemos en Italia. El Movimiento 5 Estrellas del cómico Beppe Grillo ha irrumpido con enorme fuerza en la política italiana. El descontento que alberga, sus objetivos y sus simpatizantes son seguramente muy parecidos a los que motivaron el 15-M en sus inicios. Los italianos, sin embargo, han logrado entrar en las instituciones democráticas para cambiarlas desde dentro. ¿No se trataba de eso? ¿De cambiar las cosas? El 15-M no entendió que nada podía cambiar únicamente con lemas, ideas y asambleas.

En democracia hay que entrar en el sistema para cambiar (algo) del sistema. Es increíble, pero el 15-M no lo quiso ver. Grillo, en cambio, sí.



II. Los altercados en el Parlament de Cataluña: Ya hemos denunciado en este blog los abusos que desgraciadamente ha cometido la Policía en demasiadas ocasiones. Sin embargo, el 15-M se equivocó, y mucho, con la manifestación "Aturem el Parlament" (Paremos el Parlamento). Es éticamente reprobable, sea por el motivo que sea, intentar obstaculizar el funcionamiento de cualquier parlamento democrático. Este punto no puede admitir discusiones. ¿En qué nos convertimos si intentamos parar a un parlamento votado libremente? Ésa es la pregunta. No importa que no nos guste lo que se haga dentro, ni quienes estén dentro. Si queremos cambiar la democracia, hay que pasar por las urnas. De eso trata la democracia.

*Con este post no queremos cargarnos a todo el movimiento, ni a todas las personas que trabajaron y siguen trabajando en torno al 15-M con la voluntad de mejorar las cosas. En eso estamos en el mismo barco



EXTRAS

I. Una vivencia personal: En los primeros días, cuando el movimiento todavía se percibía como una bocanada de aire fresco y tal vez como un posible medio para lograr cambios, me acerqué a una plaza ocupada por los indignados. Concretamente, al lugar donde se trataban los asuntos relacionados con los medios de comunicación.

Se estaba debatiendo lo siguiente: colocar a ciudadanos "de a pie" en las redacciones de los periódicos para vetar las noticias que no fuesen neutrales. Salí corriendo y no volví jamás (tengo una sincera aversión hacia la censura, lo siento).

II. El Partido X parece querer enmendar algunos de los errores expuestos en este post. Esperamos que lo consigan.



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